Misión cumplida. Ahora, a pensar en los festejos y en las vacaciones. Hay que pedirle al cielo que no se ensañe con los caminos, que ninguna casa se inunde y listo. Después de la ardiente sesión de ayer, Tucumán está en piloto automático. La Cámara ofrendó al gobernador todos los regalos que este había pedido en su ¿cartita?

Inesperadamente, los letrados volvieron a sentir el peso del poder alperovichista y se quedaron sin la administración de más de 60.000 cuentas de la Caja de Previsión y Seguridad Social de Abogados y Procuradores. El poder pesa mucho hasta en las cosas mínimas: las autoridades del Colegio de Abogados estuvieron desde temprano en la sesión y pidieron que se adelantara el tratamiento del tema que el orden del día había mandado al final, pero la respuesta recibida ("que esperen, hay cosas más importantes") los dejó horno y no precisamente por la canícula. El mensaje de la jornada de alguna manera fue que las heridas (que fueron llagas) en la pelea por el Consejo Asesor de la Magistratura no han cicatrizado y que el pasar de los jubilados no constituye un límite para la mayoría automática alperovichista.

Los legisladores también cumplieron con la postdata en la que el Supremo pedía que se haga la voluntad de Pablo Clavarino, quien cambió (otra vez) a su antojo el Código Tributario. Las decisiones se toman con o sin debates y los opositores quedan dibujados. Retumban las radicales chicanas de Ariel García o los argumentos de su correligionaria Silvia Pérez o del macrista Alberto Colombres Garmendia, pero en la calle la realidad es otra.

Con la cabeza en otro lado

Confiados en la delegación de poderes que se hizo el 28 de agosto, los tucumanos mostraban otras preocupaciones más banales, tal vez. Después no hay derecho al pataleo. En todo caso los habrá por un tiempo. Los abogados -por citar un ejemplo- seguro recurrirán a la Justicia y se repetirán las historias en la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Pero como no siempre se pueden prever los resultados de esa contienda judicial, ya hay un proyecto en danza en el que se analiza crear juzgados de primera instancia en ese fuero. A lo mejor tampoco será posible saber de antemano los resultados, pero sí está claro que la eventual doble instancia demorará muchos más años el veredicto final.

Mientras los alperovichistas Sisto Terán, Roque Alvarez o Ramiro González Navarro cumplían con las órdenes superiores, fuera del recinto las conversaciones discurrían sobre el GPS necesario para llegar a tal o cual playa y, especialmente, sobre el futuro. Los políticos una vez que juran su cargo empiezan a pensar en los cuatro años que vendrán. El jueves sólo se habló de Beatriz de Alperovich. Es más, algunos discutían quién será el vice de la primera dama en 2015. Aunque parezca demasiado temprano, salvo una tormenta política inesperada o un traspié de ella pueden opacar los silenciosos logros políticos que la han instalado como sucesora y que ha obligado a los legisladores ha cerrar con llave el cajón donde estaba la reforma constitucional.

Según el prisma con que se mire

Alperovich es más prudente que algunos de sus títeres. En público dice que 2015 está demasiado lejos y que su responsabilidad es hacer que el avión vuele alto y sin contratiempos durante los próximos cuatro años.

En los círculos empresarios ya han empezado a especular y especialistas en leer el poder han empezado a preguntarse qué es de Alperovich y qué no. Dicho de otro modo, el interrogante que se hacen es: ¿cuándo llegará la hora de hablar con Beatriz Rojkés? La respuesta de los "sijosesistas" ebrios de ocho años ininterrumpidos de poder es que "si Betty gobierna, José seguirá siendo el dueño de la lapicera". Todas son elucubraciones que responden a los dimes y diretes de los pasillos, pero ante tanta comodidad y tranquilidad, los oficialistas ya se han soltado a hablar.

Todo cambia

El intendente de la Capital, Domingo Amaya, comenzó el año como el gran candidato a la sucesión. No termina así. Los "sidominguistas" se pelean entre sí: unos creen que se lanzó a disputar el poder demasiado temprano y los otros (¿seguidores de Germán Alfaro?) sostienen que hay que marcar diferencias. El Lord Mayor va a tener que entrenarse hasta ponerse colorado porque la guerra -aunque de guerrillas- ya se declaró. Alperovich llegó al abuso de decir que en su pelea por la construcción de una clínica avaló que se hagan excepciones a la ley y que si no le gusta al intendente se aprobará lo mismo. De nuevo las instituciones van por detrás de las intenciones. No hay, en verdad, nada nuevo.

Salieri de Néstor

Nada nuevo bajo el sol tucumano. Hasta la visita de Rafael Follonier se mantuvo dentro de lo previsible. Este conocedor del adn kirchnerista llegó y llenó de jóvenes el PJ. "Mirá, si van a hacer una manifestación en tu casa, tenés que enterarte antes de que lleguen y tener gente que te defienda", le explicó a Alperovich el veterano K. Este viejo militante que conoció la violencia de los 70 explicó que se necesitan sobredosis de paz para consolidar la democracia. Ante los jóvenes parafraseó a León Gieco: no soy uno de los salieris de Charly que "le robaban melodías a él"; soy un salieri de Kirchner que le robo palabras a Néstor. Para los chicos K fue un abrazo; para los grandes, un cachetazo. Alperovich no ha podido construir este tipo de fidelidades. La tranquilidad le ha costado muy caro.

Follonier, luego, en la Casa de Gobierno les advirtió que la política no es blanco y negro, sino una sinfonía de grises y se ocupó de preguntarles sobre el futuro de Betty y de José. Destacó los poderes conseguidos por la primera dama y aconsejó paciencia a Amaya.

Raro

No es raro lo que le pasa a Tucumán. Lo mismo, pero con otro nombre, ocurrió en el Congreso de la Nación, con un día de diferencia. Tampoco es extraño que muchas decisiones importantes se tomen a fines de año, cuando las cabezas de los ciudadanos están en regalar y no en otras cosas. En esta provincia prácticamente el mismo día en el que la luz se apagaba, los aire acondicionados no acondicionaban y el agua se agotaba, los legisladores les daban facilidades impositivas.

Nuestra vida en democracia se ha convertido en un sistema perverso. Para obtener lo mejor para la provincia debo obedecer y no debatir ni disentir. En la provincia también, cuánto más obediente soy, mejor nos va y cuánto más disiento o señale contradicciones menos valorado soy. No eran así las cosas, pero ahora lo son. Como dijo Follonier no hay blanco ni negro sino grises. Así es que muchas veces no importa un fallo judicial o una ley sino que el poder político lo sostenga en nombre de que las cosas están mejor que antes. La Navidad suele ayudar a ordenar los espíritus: ¿por qué no esperar menos obediencia y mayor diálogo para fortalecer las instituciones? Porque el poder no dura toda la vida.